domingo, 24 de junio de 2012

Ruanda va a ser miembro del Consejo de Seguridad de la ONU ¿y qué?

A veces, el verdadero escándalo de las noticias, es la información que se oculta.
El día 19 de junio me alegró leer este titular: Human Rights Watch critica que Ruanda tenga prácticamente garantizado un escaño en el Consejo de Seguridad de la ONU. ¡Bravo! –Pensé- qué bien que HRW, una organización tan respetada y escuchada, lo diga alto y claro: el actual gobierno de Ruanda tiene algunas responsabilidades que depurar, antes de entrar en el organismo que gobierna el mundo. El partido FPR, en el gobierno de Ruanda, está acusado por la propia ONU de haber cometido asesinatos en masa y sistemáticos de población civil inocente de etnia hutu. También hay dos tribunales en el mundo que quieren sentar en el banquillo a algunos altos cargos de este gobierno. Por último, y sé que esto no hace única a Ruanda ni siquiera entre los países miembros del Consejo, es un gobierno que asesina y encarcela a sus críticos y opositores. Cuál no sería mi corte al seguir leyendo la noticia y ver que la razón que alude HRW es que Ruanda “da protección al ex señor de la guerra, buscado por la Corte Penal Internacional, Bosco Ntaganda”.

Si bien es cierto que Ruanda no solo da protección a Bosco Ntaganda sino que también le da trabajo, puesto que es el encargado de organizar la actual rebelión mortal en el vecino este del Congo, función para la que Ntaganda fue seleccionado por su amplia y probada experiencia, además es cierto que otro tribunal competente, la Audiencia Nacional española, busca al mismísimo gobierno de Ruanda por los mismísimos crímenes que se imputan a Ntaganda, crímenes contra la humanidad y asesinatos en masa de personas inocentes.

¿Qué tiene ese otro tribunal, señores de HRW, que no merece su consideración? Creo que es mayor razón para pedir que no se admita a Ruanda en el Consejo de Seguridad de la ONU que sus dirigentes están acusados de asesinatos masivos y no que sus dirigentes protegen a un hombre que está acusado de asesinatos masivos. Es de Perogrullo.
No sé dónde está la complicación, de verdad, no puedo comprender el empeño en ningunear algo tan importante en la lucha global contra la impunidad de los peores crímenes imaginables.

sábado, 9 de junio de 2012

Spain is not different


El día 6 de junio leí que un joven de 25 años había muerto esperando una ambulancia que llegó 20 horas tarde, en Arcadia, Sudáfrica. Me vino a la memoria que el día anterior había visto una ruidosa manifestación en la calle Sagasta de Madrid, frente a Sanidad, de los trabajadores del servicio de Urgencias del SUMMA 112. Pensé: allá vamos. Como si trabajasen poco, este colectivo en el que alguno trabaja 41 de los 52 fines de semana del año, es obligado por el gobierno a trabajar 66 horas más al año, porque sí y punto. Si la calidad del servicio empeora ya no es cosa del gobierno, es de los trabajadores que no quieren dar más de sí, como los de Sudáfrica.

Hay un país donde protestar es considerado prácticamente terrorismo. Un país donde comparativamente, ser responsable de la muerte o matar a un/una sin papeles es más barato que protestar en la calle. En ese país, comparativamente, robar fondos públicos por valor de miles o millones de euros es gratis, mientras que vender bolsos en la calle para comer te puede costar la vida. Las autoridades políticas y administrativas no solo defienden y protegen a los agresores y ladrones, sino que inculpan y amenazan a las víctimas. Esto ocurre en una república bananera de África, se trata de España.

España es geográficamente África mientras conserve allí las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. De un tiempo para acá, me siento como si viviera en África porque pasan cosas muy similares, según los medios. Esas mismas cosas contadas de un país africano, escandalizan, pero si pasan en España, las justificamos: “hombre, no es lo mismo”. A veces pienso: ¿qué pensamos que tenemos que ir a enseñar a los africanos? Tal vez sea hora de empezar a mirar a África para aprender, al menos de su sociedad civil, que no deja abuso sin denunciar, cueste lo que cueste.